domingo, 31 de octubre de 2010

MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO

Reproducimos este manifiesto que circula por la red. Desde EDQD nos sumamos a la iniciativa y tratamos de difundirlo. Al final hay un enlace para firmarlo.

Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:

La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.

La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.

No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.

Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.

Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.

Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.

En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.

Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.

Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.

Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.


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viernes, 29 de octubre de 2010

"Política, pero no de Aristóteles"


Cuantas veces hemos oído decir aquello de que " el trabajo dignifica a las personas ", sin embargo en las culturas clásicas de la Antigüedad el trabajo remunerado era considerado indigno para los hombres. A diferencia de nuestra sociedad donde el trabajo es la clave para lograr un nivel de vida aceptable -especialmente en tiempos de crisis económica y sólo para un determinado sector social-; para la mayor parte de los filósofos griegos y romanos el hecho de trabajar no estaba bien considerado ni era apreciado. Para la clase política actual, en general, parece que tampoco.

Para los antiguos romanos lo importante era tener propiedades o haciendas -eso parece seguir igual-. No es que consideraran despreciable el trabajo en sí mismo, sino que veían indigno verse obligados a trabajar para sobrevivir. Y cuando esto ocurría el objetivo era el de reunir un patrimonio que les permitiera vivir lo más ociosos posible. Anteriormente a Roma, uno de los iconos de la cultura griega como Platón afirmaba que una ciudad bien gobernada debía mantenerse por el trabajo rural de los esclavos y por el trabajo artesanal de los hombres de poca monta, para sostener a las vidas virtuosas, cuya característica fundamental era el ocio. Es decir, la ociosidad llevaba a poseer el tiempo suficiente para pensar, los virtuosos tenían mucho tiempo para pensar y eso les permitía decidir cómo gestionar mejor, qué hacer en cada momento en el crecimiento de una polis, crear mejoras generales para el ciudadano. Ahora en nuestro tiempo hemos puenteado la ecuación, ya no es dinero+ociosidad+tiempo= grandes ideas, ahora es dinero+ociosidad+tiempo= más inútiles sentados en sillones y despachos generando péridas económicas entre sueldos y partidas varias.

Ahora, muchos siglos de historia después, posiblemente debería aplicarse esta máxima y pretender que en los oficios públicos se instalaran virtuosos personajes sin necesidad de medrar. Parece lógico pensar que para gestionar una empresa hay que poseer ciertas capacidades, así pues para gestionar una empresa mayor (dígase estado, ministerio, comunidad autónoma y/o ayuntamiento) hacen falta unas mayores capacidades.

Durante toda la historia, en especial a partir de este pasado siglo, parece ser que la política ha llegado a su más alto grado de profesionalización. Un chaval de veinti-pocos te puede vacilar mientras te dice: “ usted no tiene ni idea de política. Yo estoy haciendo ciencias políticas”, a lo que yo me pregunto: ¿estos serán los alcaldes y presidentes del día de mañana?, ¿saben lo que es el respeto y la honradez?, ¿tienen una asignatura de ética personal y profesional?.

Miles de políticos no tuvieron que hacer esa carrera para dejar una huella imborrable en la historia. Si alguien se atreve, que me comparen a alguno de los canta-aleluyas de nuestro siglo XXI con aquel leñador inculto e ignorante llamado Abraham Lincoln.

Como dice Juan Antonio Bolea, quien fué primer presidente preautonómico de la diputación general de Aragón (1.971-1.988): “La política se ha profesionalizado y los brillantes ya no tienen entrada ni cabida”.

martes, 26 de octubre de 2010

DARWINISMO E IGNORANCIA



Europa tiene, como todo por otra parte, sus cosas buenas y malas. Dentro de las malas, está la investigación científica. Paradójicamente, dentro de las buenas está el racionalismo, como herederos directos de la cultura grecolatina. Y digo esto, porque según todas las encuestas, el porcentaje de población estadounidense que cree que los extraterrestres nos visitan constantemente o que el hombre no es fruto de la evolución o incluso que la tierra no gira alrededor del sol, es muchísimo mayor que el porcentaje de población europea que lo cree. ¿La razón? Procuraremos analizarlo en otros post.

¿A qué viene esto? Hace poco estuvimos hablando sobre creacionismo-evolución, y recordé un artículo que leí hace un año de Pedro Fernández Barbadillo. Su título, nada tendencioso: “La locura darwinista: post apto solo para personas maduras” (que a la vez, lo saca de otra fuente). En rojo, los extractos del post.

“El darwinismo, como ya saben los lectores de esta página y cualquier persona informada, es una doctrina esotérica que afirma que la vida comenzó en un charco templado por casualidad y que una bacteria llega a ser un elefante o una almeja aprovechando algunos errores que a veces se producen en la copia del genoma, y así acumulando errores aprovechables se hace la bacteria más grande y no sabemos si más adaptada, porque sobre este tema hay dudas, pero sobrevive y es apta por definición y con trompa.”

Calificar al darwinismo de “doctrina esotérica” es una auténtica sandez. Lo esotérico, se refiere a lo “oculto” o “reservado”. Otra acepción que recoge la RAE es “de difícil acceso para la mente”. Si tomamos esta última, supongo que el cálculo diferencial debería salir en “Cuarto Milenio”. El Darwinismo no oculta nada: Es una explicación empirica y racional de por qué los organismos que actualmente habitan este planeta (y quizá en todos) no han estado siempre, y de por qué estn los que est´´an, y no otros.

“Estas explicaciones son ciertamente absurdas para todos los no iniciados, y tamaños desatinos dejan perplejo a quien no esté abducido por esta secta, y son imposibles de tragar por cualquier persona con un mínimo de objetividad.”

La teoría de la Evolución de Darwin tuvo un gran acierto, hecho que tienen en común las grandes teorías científicas: La simpleza. Descubrió el mecanismo básico por el cual se generaban esos cambios: La selección natural. ¿Qué ocurre si la población crece exponencialmente, y los recursos disponibles son cada vez más escasos? Que sobreviven los mas fuertes, y estos supervivientes transmitirán sus caracteres a sus descendientes. Así, si sobreviven los individuos de una especie de ave con el pico más largo, las siguientes generaciones acentuarán ese rasgo, hasta que todas los individuos de esa especie, asombren milenios después a turistas como nosotros con sus prominentes picos.

¿Es razonable, no? Y lo más curioso es que estas explicaciones coinciden con los registros fósiles, donde podemos ver cómo han ido cambiando las especies a lo largo de los (muchos) años (incluyendo los elefantes).

“¿Cómo hay tantos creyentes en una doctrina tan absurda? La respuesta tiene mucho que ver con lo que podríamos llamar el espíritu de nuestro tiempo: el cientifismo, una actitud materialista extrema, que pretende saber lo que en realidad se desconoce y amparándose bajo el manto de la ciencia - una buena capa todo lo tapa- como también lo hicieron otras doctrinas cientifistas como el marxismo, tacha de ignorantes y retrógrados a quienes se atreven a reírse de tantas estupideces.”

En realidad “pretender saber lo que se desconoce” es nuestro objetivo. Eso lo reconocemos. Por otra parte, comparar el darwinismo con el marxismo tiene delito y solo puede ser fruto de las mentes mas calenturientas.

El (neo)darwinismo es materialista. Eso es innegable. Como lo es la ciencia moderna. Pero no se trata de negar lo espiritual o la trascendencia. La ciencia no puede incluir en sus modelos aquello de lo que no tiene evidencia. Supongo que tras esta crítica se esconde un complejo de inferioridad cientifica provocado por un dualismo que cae en saco roto: Los modelos, y en concreto éste, funcionan muy bien sin necesidad de recurrir a un dios o motor trascendente. Y aunque no lo hiciera, no podemos incluir algo ultra-materialista, simplemente porque no hay evidencia de que eso exista.

“La persistencia de una doctrina tan estrafalaria y contraria al sentido común solo es posible explicar por motivos sociológicos y psicológicos.

La necesidad psicológica que alberga esta gente de ser producto del azar es posible que esté relacionada con el rechazo consciente o subconsciente de su progenie.

Dawkins nos dice que solo desde Darwin es posible ser un ateo intelectualmente satisfecho. Darwin inventó un mecanismo no teleológico pero absurdo y sin sentido: los más aptos sobreviven y eso explica el hecho evolutivo. Esto es fundamental, esa satisfacción que al parecer esta estúpida doctrina produce, es la responsable de la existencia de tantos tipos aparentemente normales, que son capaces de tragarse esas locuras, y de la censura y tergiversación tan imprescindible para la persistencia del darwinismo como teoría científica oficial.”

No sé realmente cómo comentar este texto ya que él mismo lo dice todo. Entiendo que a este personaje le fastidie que nada tenga sentido. Pero… ¿Por qué debía tenerlo? ¿Por qué un propósito? El mundo no tiene necesidad de tener un propósito. Cuando las moléculas se unían unas con otras azarosamente en aquel espectacular polvo de estrellas tras la gran explosión, no habia proposito. Sólo el ser humano siente la necesidad de darle un propósito al cosmos. Y eso que hay una maravillosa rama de las matemáticas llamada “probabilidad”.

“El darwinismo es tan científico como la alquimia, pero más milagroso. Como ésta aún no ha conseguido demostrar que el plomo se trasmuta en oro, pero como los alquimistas, están en ello, solo necesitan unos siglos o unos millones de años de prórroga para poder demostrarlo. Y también el darwinismo tiene su piedra filosofal, ésta es el error en la copia del genoma, que dándole tiempo al tiempo y con algo que llaman aptitud y adaptación, algo indefinible y mágico, hace que una bacteria transmute en una sardina con su raspa y todo como bien sabemos.”

La diferencia fundamental es aquello que define lo que es ciencia o no: El método científico. Se plantea una hipótesis y en función de las evidencias obtenidas a través de la experimentación/observación, se confirma o no. ¿A qué se refiere este personaje con la piedra filosofal? A las mutaciones. Las mutaciones son cambios en el código genético. A veces no tienen ninguna consecuencia, a veces son perjudiciales y a veces son beneficiosas. Las beneficiosas, claro esta, aunque sean pocas, se conservan. Decimos que son beneficiosas porque dotas al organismo en el que asientan de una mejora cualitativa o cuantitativa. La aptitud y la adaptación no son nada indefinible. La aptitud es la “Capacidad para operar competentemente en una determinada actividad”y la adaptación es “acomodarse a las variaciones del medio”. Es decir, resumiendo:

Mutación=a veces beneficio=Mejor adaptación=selección natural=evolución.

No es magia…es ciencia.